Jitric, flor de accesorios

“Del lienzo al marco”

Gente, ruido, corridas… Por un momento, deja de lado las sombras y sin saber cómo ni porqué empieza a pegar lentejuelas y pedrería en la cara de la modelo, lista para salir a escena. Es impactante, todo el mundo pregunta por lo bajo de quién son esos apliques. Maxi acaba de descubrir su pasión. Después de 15 años como maquillador de Givenchy, Maximiliano Jitric incursionó en el diseño de accesorios, con éxito. Un oasis de cobre y piedras que no necesita rubor.

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¿Cómo se te dio por las piedras?

El maquillaje es simétrico por naturaleza, pero amo la asimetría de mis collares porque me deja crear con libertad. Mientras maquillaba para ese evento, me puse a jugar con las piedras y, entre tanto griterío, encontré la calma. Entonces, empecé a tomar clases para aprender a cortar metal, pulirlo y soldarlo. Experimento con las piezas, pero de cada ensayo y error sólo me permito crear lo mejor. ¡Insisto hasta que salga bien!

Las joyas no se demaquillan, ¿será por eso que las querés más?

Por más que te lo saques, mi maquillaje perdura, mis clientas siempre recuerdan el que les hice para tal o cual evento. En cambio, en los collares encuentro volumen y esa asimetría que me resulta interesante.  Nunca me compré una brocha, pero me das una pinza y ¡soy feliz! Después de pasarme horas puliendo termino negro y me encanta porque me lleno de buena energía. Antes trabajaba sobre la cara, ahora sobre el cuello, lo que antes era mi lienzo ahora es mi marco.

¿Sólo collares?

No, pulseras también. Jitric tiene las líneas Miler y Kembar, constantes, colección tras colección.

¿Por qué Miler?

Me inspiré en mi abuela, una amante de las flores. Trabajo con placas de bronce, cobre, alpaca; sumo estallas de jade africano, cuarzo cristal nevado, roca coral, mostacillas.  Lo plano se transforma y  cobra vida en piezas únicas, como salidas de un cuento. Son más que un simple accesorio: ¡te salvan la noche!

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¿Y Kembar?

Es un volcán en Indonesia, de ahí se me ocurrió trabajar con piedras volcánicas. Son seis piezas por modelo y es más urbana, hasta incluí alfileres de gancho para darle rock a las más jóvenes. Una de mis clientas me contó que en un cumpleaños de quince, varias de sus amigas le preguntaron de quién era su collar de cruces y calaveras. Me encanta el cobre, pero la moda hizo estallar el dorado, así que sigo la tendencia sin limitarme. Hago lo que me gusta.

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Además de Jitric, ¿qué las une?

Si tengo que unir con flechas, los cristales facetados son el factor común entre ambas. Pero, hasta ahora, no me pasó que una misma clienta llevase una pieza  de cada una, aunque sí  varias de la misma.

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¿Trabajás solo?

No, Canae y Luz Clarita, mis dos maniquíes de metro noventa,  ocupan el espacio que antes destinaba a las clases de maquillaje, y sobre ellas hago todas las pruebas. Necesito trabajar sobre el cuerpo, porque quiero que mis joyas respeten los parámetros estéticos.

¿Cómo te imaginás en unos años?

Más viejo (Se ríe). Haciendo piezas a pedido, conversando con mis clientas,  que sea un idea y vuelta para que cada uno haga su aporte. Mis collares no son de perchero; al igual que un vestido de alta costura, armo el boceto sobre mi clienta porque necesito ver las proporciones. Nada de lo que hago está automatizado, dejo que todo fluya.

¿Dónde está Jitric?

En Almacén de Belleza, Alma Pampa en Ezeiza y en mi fan page.

Es tarde, me despido de Maxi y a cara lavada acomodo mis collares.

Imágenes Jitric

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