Porque me quiero, me cuido

“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” cantaban por ahí. Nunca estamos conformes con lo que tenemos hasta que lo perdemos o se nos rompe y comenzamos a extrañarlo y lamentarnos.

La que tiene rulos pide a gritos tener el pelo lacio y después de caer en manos de un peluquero que de tanto hacerle la plancha casi la deja calva, recién ahí y solamente ahí, comienza a valorar sus preciados y hermosos rulos.

En mis años de adolescencia detestaba mis rodillas: “son gordas”, “son chuecas”, “son deformes”. Jamás las quise hasta que me empezaron a doler y me diagnosticaron desplazamiento de rótula. El veredicto: dos operaciones.

Tampoco me gustaba mi nariz y confieso que estudié la posibilidad de operármela, pero cuando me dijeron de los moretones postoperatorios y la poca seguridad en la perfección del resultado final, desistí.

Las chicas de hoy no piden fiesta de 15; quieren la operación de lolas y lo peor de todo es que algunos padres y madres lo cuentan risueños, casi como considerando la posibilidad de que “la nena” se opere.

No hice muchas dietas pero mantengo una conducta impecable a la hora de comer, controlo estrictamente las cantidades por el simple  hecho de verme siempre flaca. Como si eso fuese la solución a todo. ¿Y la salud?

Soy una apasionada de la moda, charlo de tendencias, diseñadores nacionales e internacionales, pero nada de eso sería posible sin una vida sana.

Y cuando digo sana, no me refiero a comer verdurita todo el día, sino a comer equilibrado, variado, a probar sabores nuevos. Porque, después de todo, un guardarropa no se nutre sólo de un local, sino que vamos comprando un saco acá, un pantalón allá y los pequeños hallazgos son los que le dan identidad a nuestros looks.

Seamos más benévolos a la hora de juzgarnos, porque la vida es una sola y nuestro cuerpo también. Aceptarlo y mimarlo es el primer paso. Para todo lo demás existe Vestite con Estilo.

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